Ver para creer
10 jugadores de un lado, 11 del otro ... ¡pero en cancha de 7! Atornillados al piso, quietitos ¡como 5 e’ metegol!
Todas jugadas que podríamos llamar, en cadena: Pase corto (muy corto) al compañero de adelante, que a su vez, entrega pase corto (muy corto) a su compañero de adelante y así sucesivamente hasta llegar al gol. De un lado, "losconremera", del otro "losencuero" (llamados por nuestro querido Eduardo Maino, "lostetones").
Del lado de allá de la línea de cal (del lado de acá están los jugadores) con ojo clínico, una especie de Bernardo Griffa Narigón, nuestro "Hombre Record", 30000 centésimos de segundo, 300000 milesimos... 5 minutos bah... ¡en 6,7,8 (perdón, sucumbí a la tentación de pasar el Chivo... Rossi) partidos! Ese hombre, Esteban Jaimez, miraba atento como las jugadas se sucedían. Un verdadero ajedrez (cada jugador tenía una baldosa pa moverse nomá) Un caballo hacía dos pasos para adelante, uno para el costado... ¡y se llevaba puestos dos compañeros y un adversario!
Pero, sin lugar a dudas, el momento mas emocionante lo vivimos cuando promediaba el encuentro.
Como el inconsciente freudiano que se revela solo a través de actos fallidos y sueños, que se manifiesta en síntomas que dan cuenta de su existencia, así nos sorprendió la presencia (esto explica lo parejo del partido a pesar de que un equipo tuviera, aparentemente, un hombre menos) del famoso personaje de H.G.Wells "El Hombre Invisible".
Esto decía uno de los máximos referentes del fútbol local, Martín Neri "Cuando nos sacamos las remeras para formar el equipo de "lostetones" vi como una camiseta caía al suelo e inmediatamente pasaba lo mismo con el short, calzoncillos, medias ¡y hasta los botines! Yo estaba en el sector opuesto del campo de juego y las luces del estadio se encendían y se apagaban. Se lo atribuí a esto último".
Inmensa fue la sorpresa cuando vimos al 10, Diego Añaños, después de recuperar una pelota, ya sin marcas, caer ruidosamente al suelo al grito de ¡justicia!
Evidentemente Griffin (El Hombre Invisible), falto de fútbol, llega a destiempo y golpea duramente al hábil mediocampista belgranense.
Otra muestra irrefutable de la presencia del Hombre Invisible fue la jugada denominada por Esteban Jaimez "Un gol de otro partido". Beto Lesce, con la fuerza y la precisión que lo caracterizan y con la intención de devolver un balón procedente de la cancha lindera, apunta alto, le pega y la pelota (aparentemente) desobedece y se cuela en el ángulo del arco de su cancha mientras el arquero iba en busca de la otra pelota, que era la que estaba en juego. Está claro que fue Griffin quien, haciéndose el gracioso, desvía deliberadamente el destino final de la pelota.
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