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Fulbo

Tres a dos

3 a 2.

No 10 a 9, ni 12 a 8. 3 a 2. y no por impericia de los delanteros, no por falta de volumen de juego. Los responsables de este resultado tienen nombre y apellido:

Cristian Panciroli Vega y Gonzalo Mazurkiewickz Harreguy. Dos

arquerazos. Sacaron todo lo que anduvo cerca del área.

Otro jugador destacado fue el oriental, oriundo de Salto, Mariano Harreguy.

El autor del gol de la fecha describe la acción (se advierte en su prosa la influencia de distintas disciplinas como historia, letras, psicología, dados, timba y la poesía cruel)

"billetera mata galán, pero guitarrista... mata billetera, cuando era chico decían: ¡gordo al arco! si era el dueño de la pelota aguantábamos y no atajaba...

Mitad del primer tiempo... un acordeonista se saca la pelota de encima, puntinazo... el 5 con llegada recibe... amaga y el que pasa de largo... pero maaaaal e’ un flautista, que como su instrumento carente de cintura, es presa fácil para el 5 transformado en 9, que cual punta de lanza tiene al hombre con guantes abajo de los tres palos y que usa dos de ellos para percutir en su banda... el tipo acostumbrado a tocar sentado no hace mas que eso y el hombre en un "eslalon" final y con un leve movimiento, una finta, elude a su oponente luqueado de arquero... arco libre y la red que lo abraza... y no era Francescoli...

¡Qué relación habrá entre el instrumento y el juego?

También se comentaba que había un bajista en la cancha que no se sabía para que lado pateaba... pero bueh...

Siempre los guitarristas fueron ganadores, las minas no buscan flautistas, bajistas, ni percusionistas... salvo que sean los dueños de la pelota...

Saludos.

Javier Ostolaza"

También cuenta su karma:

"2 a 1 faltando 10 minutos tirón, pantorrilla izquierda, puñal hincado en esa zurda mágica, y eso que el 5 es diestro, Matrix un poroto, se paralizó el estadio, era el último pique y se quedó clavado en el piso, sin lágrimas (los 5 no tienen lágrimas) salió despacio por la banda izquierda, resultado final: su equipo perdió 3 a 2. Nada que decir. Desgarro. Fin de la magia.

Nunca, pero nunca oí que Merlo, Perdomo, el Checho Batista se desgarraran, eso es exclusividad de Messis y Francescolis..."

No podemos olvidar el broche de oro de esta jornada, el gol del tiunfo del equipo liderado por el experimentado líbero José Gago. Después de su enésimo desborde, el incansable carrilero Raúl Olivera Caloia, definió como solo los grandes pueden hacerlo. No le tembló el pulso al enfrentar al cancerbero de los tres palos: Gonzalo Harreguy. Golazo. Pitazo final. Partido definido.

Quedó igualmente un sabor amargo para los jugadores, un cosquilleo silencioso, una angustia creciente, un vacío...

¡Un vacío!

El hambre de gol fue saciado por un asado memorable, hecho por un parrillero de lujo: Atilio, un alma gentil, bondadosa y solidaria que agasajó a los planteles con una cena inolvidable.

Su ayudante de parrilla, el lesionado Leandro Pupi Guelman, aportó la primeras maderitas para el fuego y escapó por la banda derecha dejando solo al buen Atilio. Se retiró del predio recién al otro día, todavía bamboleante y exudando alcohol.

 

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